Los niños de Summerhill tienen el
cuerpo liviano, por cuerpo tienen un resorte, un lápiz de resina suave, de esos
que vendían los chinos cuando era chica, que se podían doblar y modelar. La
libertad debe ser una flexibilidad que nace desde las entrañas, como un suspiro
de ahogo y de vida. La libertad debe ser algo que pueda mirarse, debe ser un
sonido que pueda escucharse, debe ser un murmullo que pueda reproducirse y
domarse en el movimiento.
Las niñas y niños del verano en
la colina, ese que pasamos juntos, cortando flores de maleza, de esa maleza que
creíamos eran flores. ¿Quién define si una flor es maleza? Cuando era niña, me
dejaban cortar maleza, y yo no entendía nunca, porque lo que cortaba decían que
era maleza. Las florecitas eras blancas, con el centro amarillo denso. Para mi
eran flores, flores como todas. Un día mi abuela me dijo, que se sabe cuándo hay
maleza porque hay muchas, porque hay a destajo, porque sobran las flores y ahí
pasan a ser maleza. Entonces, más confundida me dejó, porque si esa fuera la
medida para discernir entre maleza y flor, entre sombra y luz, entre libertad
indomable y terquedad domesticada, ¿Cómo sabríamos los humanos, que somos flor
y no maleza?
Maleza libre, flor domada, flor
domesticada, flor reducida a maleza, maleza salvaje, maleza como flor, flor
como maleza, desmedida cantidad, desmedido movimiento, desmedida primavera.
Maleza libertad, flor libertad,
un lápiz un sueño y un movimiento de viento, que nos mueve igual, FLORMALOSA AL FINAL DEL OTOÑO.
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