Mi cuerpo me dejó sin voz, como nunca antes en toda la vida. Mis primas jugaron a decirme cosas malas, porque no podía yo responder. Los niños jugaron a hacer formas con las manos, mirando las mías y mirando las suyas. Yo jugué al desconcierto, a decir que me resfrié con gravedad. Pero lo cierto, es que la voz se me fue para que por primera vez, no pudiera decir nada.
Y con la nada viví unos días, sabiendo que el silencio tendría que ser mi amigo. Y entre la arcilla que compramos con la Toña y arrastramos por diez cuadras diez kilos, murió el silencio y nació la mujer callada.
0 comentarios: