REFLEXIONES DE UNA NOCHE OSCURA.


Los ojos pesan ante la muerte. La boca seca lamenta el dolor de los hombros. La razón abandona el cuerpo cuando lo visto no se puede explicar, ni con razones ni con motivos desgastados.

Desde niños nos enseñan la humanidad, y nuestros padres nos hacen militantes de la paz. No sería razonable que nos enseñaran al menos un poco de la guerra? Nos enseñan en las escuelas del mundo el humanismo renacentista, mientras socavan las pinturas, vacían las bibliotecas y violan a la Venus del Nilo. Mientras nos enseñan el cuadro de la Creación nos muestran, ¡ cuando se acuerdan! los bombardeos televisados como juego de Play Station.

Y viene el día del profesor, y nos dan premios por enseñarles a los niños a sueldo de hambre, lo que significa la paz, cuando televisan la guerra. La utopía no existe, si es  la paz de los oprimidos, porque el que tiene las armas las dispara y decide comenzar las guerras.

La desesperanza inunda los claveles rojos, los enmascara entre estos mundos que no se miran, que parecen una broma creada para  ingenuos.

Nuestra paz es la garantía de su guerra, y no se detendrán por haber tomado conciencia de sus acciones. A ellos no podemos educarlos, pero debemos poder destruirlos.

Ayotzinapa en el corazón.

clavel.

En la distancia encontré un clavel rojo. El clavel tosco y solitario, que contiene las tristezas de mi pueblo. El clavel sea tal vez el pedacito del territorio donde habito y en el que creo.
No lloré porque las lágrimas, no se controlan. Una vez que ven mar abierto salen con el viento.
No lloré porque decidí superar el llanto ancestral de las mujeres de mi familia;
pero no llorar, no me volvió más fuerte.

Sólo quedé menos húmeda. 

Una enanita curiosa.


Sé como son tus miedos, cuando te tomas el pelo y te enrrollas el tomate, tienes miedo o ansiedad.
Cuando te subes los pantalones, en modo reajuste, estás preparando algo grande.
A veces te despegas la polera desde abajo, y luego te ajustas los tirantes del sostén en modo disimulo. 

Cuando te conocí, me pareciste una enanita curiosa, con la boca muy grande de tanta sonrisa. Supongo que en el primer momento, sentí celos porque serías la presidenta. Pero después de verte soñar se me fue olvidando; hasta que te comencé a decir patroncita para molestarte. De ahí al cariño intenso hubo pocos pasos. 

Siempre supe, que cuando uno quiere de verdad  a alguien, conoce de a poco el lenguaje de sus movimientos. Tu viniste a reafirmar todo eso, con tu lenguaje inclusivo diverso, del que a veces nos burlamos con don Simón.

Me enteré que te quería, cuando tu nombre no me bastó para llamarte, y dejaste de ser la Amparo, y comenzaste a ser la amparito, la locura, la lobitos y bueno, también la apéndice.  

Algo de lobo tienes, tu dulzura pública está mezclada con la violencia de tu expresividad. Admiro en ti a la mujer que salió del bosque con afanes de conquista. Admiro un poco, tu capacidad desmedida de gritar recojan su mierda giles culiaos! Reconozco que jamás desarrollaría tal actividad en público, mi timidez de hija única no me lo permite. Pero siempre puede uno mirarte, con tu carácter liceano semi desentonado. Por algo la vida nos juntó tantas veces, hasta que nos re-conocimos.

Safo a visitado este texto, te lo digo sin timidez, por esas cosas es que también nos volvimos amigas. Después de todo, mirar niñas en el peda junto a ti tiene su lado amable.

Buena viaje loba, el viajero no es sólo el que parte sino también el que busca, 
el que se sorprende y le contesta a la vida con una sonrisa y un llanto. 
Siempre nos encontraremos en el camino amable de la niña pepa que juega dominó un día de vacaciones y sin temor al estudio, enfrenta la vida como el juego que ella guarda. 




Contabilidad.


Comer es para mí, lo más matemático luego de contar las palabras para llenar ensayos. Deducir la porción, recordar la cantidad calórica de cada alimento, sumarlas entre ellas, doblarlas si de porción grandota se trata.

Como palta y sé que debería ser la mitad,
y el choclo es rico pero también es mucho.

El apio es número natural, 
pero no me gusta.

La infancia en el negocio del tata Bela, me enseñó a contar y a comer a escondidas.
Ambas cosas las desarrollo hasta el día de hoy: mientras como, cuento.

Saber contar y saber comer son inversamente proporcional. 

divagando.

Escribir me empezó a dar miedo, como la vida a veces. Uno teme, cuando escribe, hacerlo mal, usar demasiadas palabras o usar pocas. Viene la prueba de chile III, por dios que ha sido un parto esto de los chiles. Hay que escribir con palabras serias, sin decir mucho, ni poco, como en la justa medida. Pero qué es la justa medida... en un queque serían 3 tazas, en un biscocho el poco de margarina. Me gusta por eso hacer pasteles, uno va encontrándole los secretos, las mañas las vas dominando de a poco. Pero nunca queda perfecto, un poquito quemado, un poquito cocido, es tal vez mi inconformismo del que hablo. Se me ha quitado, eso pienso a veces... Pero cuando estudio chile, soy una inconformista, que por qué no nací más inteligente, más directa, más al callo. Siempre le caigo bien a casi todo el mundo, y es por eso, por lo de los callos. No tengo, nací con piedra pómez. Eso es un problema. 

Me duele la guata, porque nos vamos juntos, lejos, solos, calurosos. Y es un poco mi sueño, un poco bastante, es el ir a otro lugar, a pasar este desgano de los chiles, como dijo el caballero del otro día?  que soy machetera. Yo no sé, bueno, si sé. Realmente espero serlo, uno espera, espera bastante. A veces pienso que hay gente que espera menos, y entonces pienso en matar un poco a mi padre. Pero después me acuerdo que nací así, media rara, debe ser porque mi mamá no mando a que me fueran a buscar.

El otro día le dije a mi prima que era una hija no deseada, y mi mamá casi llora, yo lo encontré raro; me gusta ser no deseada. Es un elemento de carácter, venir sin que te llamen. 

En la vida no voy si no me llaman, tal vez por eso me gusta la política, siempre logro que me llamen, aunque no lo hayan pensado. Tengo la tentación siempre de poner un xd, como si eso me eximiera de culpas. 


cocha yuyo llullo yullo

Después de que comí empanadas de cochachullo, no quise escribir más poesía. Debe ser que el cochayuyo me hizo pensar en la sinceridad de los sabores que provienen del cochalluyo. Y la gramática y la ortografía ya no tuvo más sentido y me considere rebelde por no seguir a la RAE Como se escapa de doña RAE?


se escapa no puntuando no acentuando no mirando atrás No mirar atras significa no saber que vino antes ni que vendra despues

 No enumerar mas las ideas ni los momentos ni los nombres ni los apodos

 Los espacios dan la posibilidad de no usar puntos

 de hacerse el weon con las comas

 En realidad escribir es la posibilidad de hacerse el weon


 Y tener un blog, también.

no sé el título.

La tristeza no es poética, no es inmaculada. La tristeza es el quebranto, es el nudo en la garganta ancestral. Cuando se está triste el cuerpo se siente mucho más presente, porque algo duele. Algo que está dentro, que no tiene nombre porque no todo tiene nombre. Pero pesa, pesa tanto que es como correr una maratón, que nunca he corrido. No corro maratones, porque no quiero correr con ninguno de ustedes al lado. Porque hoy reniego de sus ritmos sofocantes. Porque no quiero esas zapatillas de running que dejó mi mamá en mi pieza.