Docencia




Me dolieron los gritos, me dolieron los dientes llenos de caries, hasta la última muela, mientras abría la boca para gritar, para decirnos ¡maricones! Cuando está muy enojado, siempre grita, Maricones.

Maricones, maricones, maricones. ¿Quién habrá dicho tanto esa palabra? Como para que se le quedara atrapada y la soltara en los momentos más oscuros.

Lo afirmamos, lo sostuvimos, tuvimos miedo que su cabeza se azotara en el pavimento. La batía, la batía tanto que parecía que quería olvidar. Gritaba, gritaba más fuerte, lloraba, otra vez las caries.

¿Qué nadie le dijo? Arriba, abajo, escobillas. ¡Así se lavan los dientes! me decía la Viole mientras me miraba en el espejo y sonreía.

¿Alguien lo habrá mirado en el espejo? ¿Habrá estado en un espejo donde se reflejaran dos caras? Contamos hasta diez, si a los diez estás calmado te soltamos.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve.

¿Qué pasa en el diez? ¿Alguien responderá a nuestro llamado, cuando llegue el diez? Y si en un mes, o dos, o tres, o cuatro, o cinco, o seis, o siete, o ocho, o nueve, ¿Si deja de doler?

Dolieron los mordiscos, las marcas oscuras que se vieron cuando en el almuerzo, llevé mi tenedor a la boca.

A los hueones del Ministerio, a esos hueones si que me gustaría contarles hasta diez.