pelotitas coloridas


Entraron sin permiso, sin autorizaciones. Entraron con todo el descaro del que jamás a pagado la tarjeta bip, ese descaro increíblemente exquisito del sentir que no importa. Sólo Dios sabe, cuantos ridículos he hecho para no evadir, he caminado cuadras para poder cargar, le he pedido a señoras que la pasen por mí y yo les pago. Y todas esas veces, ha sido porque, lejos de ser una persona honesta y respetable, soy una persona cobarde. Le tengo terror a las miradas antipáticas, a la choreza del chofer, que por supuesto se metería conmigo porque tengo aspecto de pollo mojado, un pollo mojado gigante, pero mojado al fin. Por eso, al ver a esos niños, entrar al mcdonald con sus cajitas de chicles, correr al segundo piso y meterse a los juegos de pelotas coloridas y exhuberantes, sentí una envidia, que también fue cobarde.