El echarpe y sus revoluciones

Pocas veces con la loba nos hemos convencido de tonterías, a veces, sin embargo inventamos mentiras que luego creemos. La otra vez se nos ocurrió que nos volvimos viejas; debió ser nuestra ropa, nuestros senos bastante grandes, y ese trato señorial que nos han comenzado a dar en la micro.

Nos dimos cuenta que estábamos medio viejas, cuando la revolución se puso palabrienta, cuando empezamos a sentir que la melancolía nos llevaría a alguna parte. Cuando escuchamos a los jóvenes hablar de cuestiones que ya no podíamos sentir u entender.

Casi siempre he sido medio vieja, suelo convencer a los amantes que se queden conmigo para siempre. No me cuesta para nada, soy la mejor esposa de la tierra. Los mejores pasteles, una mujer dulce y firme, medio conductista, medio atrevida. 

Nos pusimos en el nuevo proyecto de la juventú, parece que nuestra vida con la loba fuera un gran proyecto, las niñas en el Norte me pusieron la tía proyecto. Debe ser que algo de razón tienen, que esto de vivir en proyecto es parte de la vejez culiá. 

No hay proyecto sin trayecto, ni camino sin estrellas de todos los colores del lienzo.

Vamos a conquistarnos, sin miedo, sin prisa y sin revolución

¡Que sea lo que nuestro señor jesús quiera!

Año 1, me paseo a la vejez! 

LOCA


Le hubiera dicho que lo quería, que soñaba con él, que lo añoraba. Le hubiera dicho que no era otro, sino él, que nadie podría hacerme sentir igual de loca e igual de triste. Le hubiera dicho tantos despropósitos, solo por decírselos. Para que supiera que aún estaba loca, para tener a alguien que aún pudiera salvarme de tanto resquemor mental.

Pero lo cierto era que no estaba loca, ni pobre, ni triste. Estaba siendo yo, un poco más enojona que lo normal, un poco más triste que lo medicamente recomendable, pero eso era yo. Y ese ser medio dudativo, que atravesaba el escenario de la vida ya no tenía nombre, ni cara, ni argumentos. Había matado al Romeo, decidiendo no volver a ser la Julieta que se agota por ser más romántica.