hoy.

¿Qué dicen de ti Mandela? Dicen de ti lo superfluo, lo remoto, lo concreto y lo finito. Dicen de ti un momento, un lugar, un rincón. Te descuartizan con las palabras de los diarios de los new yores! Nada digo de ti esta noche, pero te regalo esta América Morena, para que la mires desde las montaña de los Andes.

humus.

Ante ti me presento vacía de solidaridad relegada del tiempo macabro. Me presento desnuda de vientre, vacía de tierra fertilizada. La dulzura del pasto húmedo ya no me acomoda, Me sobrecoge el humus terráqueo que acoge a la planta. Recupero el aliento de quien se revuelca sin esperar el fin de la colina.

hojas

Al pasar los vientos, nos ubicábamos bajo la copa atendiendo a cada hoja con un salto mortal, para capturarla en vuelo. Aprendimos el trayecto, según la especie. Las alargadas, recorrían en vuelo arqueado y petulante, las redonditas, planeadoras y tiernas. Las amorfas ofrecían sorpresas de vez en cuando. El catastro herbario era suculento en el Peda. De vez en cuando, las hojas se apropiaban los caminos, se comían el pavimento y lo encerraban en el olvido. Y se perdían los puntos cardinales y ya no había caminos entre los caminos. Nos gustaba el desorden por algún tiempo. Permitíamos la anarquía momentánea de las hojas invasoras, nos prestábamos al lápiz carbón difuminado. Y vagábamos ruidosos por las esquinas perdidas, por las paredes que no tenían nombre. Pasaban los días, y recuperábamos el juicio. Tomábamos los rastrillos, sustraímos alguna palmera escobillón olvidada por lo tíos, y de nuevo el retorno. En un acto de supervivencia superábamos el ataque, y una a una ordenábamos las hojas como montoncitos de azúcar morena. Entre los caminos a lo lejos, se distinguían las montañas fabricadas, las palmeras quedaban cansadas y eramos nosotros. Nosotros, entre abrigos gastados y rastrillos industriales, los que luchaban con el invierno, en el eterno milagro de destruir y abrir caminos. Así, transcurrían los inviernos en el peda-.

gota

La gota mojó mi pelo, mi pelo mojó mi cara, mi cara mojó mi cuello, mi cuello mojó mis hombros. Mis hombros mojaron mis senos. De repente había llegado el invierno.

Ronda

La ronda que resume el tiempo Jadeante entre nuestras rodillas, Me pareció que unía nuestros genitales. La ronda que se entrecruza en el camino Parece sombra de árbol peludo de verano. La ronda es frondosa primavera, infancia dulcífera asomada en el jardín, juguito de flor sin nomenclatura. En la ronda, se aprende el rodeo, el sin sentido nomenclado, En la ronda se aprende la huida, la posibilidad del escape no consumado. En la ronda se aprende, la presencia ausente, la caminata compañera y la soledad del paso firme.