Hay un Chile al que no le importa que llevemos tres meses movilizados,
hay un Chile al que no le importa que vayamos a "perder el año",
hay un Chile al que no le importa que mi mamá pagará igual la mensualidad de la Universidad aunque yo no este estudiando.
Insisten con que esto es una jugarreta, un complot de los comunachos al gobierno de Piñera, "las cosas siempre han sido así" me dijo mi tía el otro día en el almuerzo. Y le creo, le creo que las cosas siempre fueron así, pero no entiendo porqué deben ser iguales siempre. Hay un Chile al que no le importa que exijamos lo gusto, "quieren que todo se los regalen", dice la señora en el metro. La misma señora que es como mi tía o mi madre, que se levanta temprano, se sube en una micro llena y cuando llega al trabajo o a la casa, no quiere mas guerra. Esa señora que no es del otro Chile, de ese Chile de "las casitas del barrio alto todas hechas con recipol". Tanto dolor que me da que sea esa señora la que diga eso, al final es ese sentido del "no merecer" el que me duele, esa idea que tiene que no merecen los otros nada. A veces pienso que ella necesita que los que son como ella pasen a ser "los otros, los que quieren que todo se les regale". No todos pueden ser tan fuertes para levantarse en las mañanas y concientemente aceptar "que nos estan cagando". Suena feo, pero es la pura verdad. La señora y mi tía prefieren pensar que somos patudos, idealistas, que estamos en paro porque queremos carretiar, antes de aceptar que no es justo que cada mañana se tengan que subir como ganado a esa micro de mierda y que a principio de año gasten cantidades descomunales en los "materiales del colegio de la niña". Ese mismo colegio que harà que la niña, en unos años más, también se suba a la micro de los que no tienen.

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