Tiempo por tiempo

 Compré tiempo, con tiempo. Tiempo de mi juventud, cambié cervezas en los pastos del peda, por noches sin dormir, como si fuese funcionaria, trabajando en la Federación. Cambié todos los besos que pude haber dado en la salita de estudios, por tardes completas de compañerismo profundo con una buena amiga.

Siempre me vino bien jugar al cambalache, sentir el agobio y el quebranto del futuro, como sentencia inexorable. Una juventud vivida, con pocos asuntos mundanos. No me arrepiento, pude ver, oler, mirar el mundo con mis propios ojos. La parte del mundo que yo había decidido vivir y por la que me comprometí. Puede que hayan faltado noches de discoteca, pero las remplazamos por asambleas, caracoles zapatistas, vino tinto, pulque, taquitos al pastor. No sé si alguna vez fui joven, yo siempre quise ser señora. Ahora, uso la ropa que soñé de niña, disfruto el perfume, los zapatos estructurados, los pañuelos, los lentes, los abrigos largos.

 Lo que cambié, lo cambié en mis cinco sentidos y en mi sano juicio.

Adulta, sin ser adulta. Supongo que era mi mayor anhelo. Quería tener mi dinero, mirar el mundo, escribir sentada en este café. Y cambié noches de desenfreno, por noches de escribir artículos. Desde los 25 años sé que tengo que escribir artículos, y sufro por no escribirlos.

Pero hoy, me planté aquí, lejos de casa. A fines de mes a Nuremberg, en Abril a Londres. Todos los días me levanto, me baño, hago la cama, desayuno, hago estiramientos, leo como si el mundo se fuese a acabar y camino una horita por el pueblo, tomo un café y me compro algo para la habitación. Una vida casi religiosa, una monja. Espero las semanas en que voy a la Universidad y elijo cuidadosamente mi ropa, porque la vida que nos merecemos. El fin de semana, salgo con mis amistades, al teatro, a alguna excursión, discusiones filosóficas y políticas, me siento agradecida.

¿Qué es la vida? Una invención que hacemos de nosotras mismas, de las expectativas, del futuro. Es una creación, una poesía mal escrita. Y yo, solamente he buscado toda mi vida que esta poesía fuera mía. Y, entre medio de las soledades que aquí duelen, y las alegrías que son una cúspide que solo encarna la que es migrada, siento que soy feliz. O, al menos, la felicidad que milito es la que cuidadosamente yo elegí para mí.

Sin arrogancias, consciente de los infinitos no, que me ha costado estar aquí.

Mi cuerpo solitario en las noches ha encontrado el abrigo en mi misma.

 Bon profit, Camila del 2014.

A 10 años de haber decidido hacer el Doctorado, una mañana soleada en DF, mirando un mural de Diego Rivera, comprendí que aunque mi familia me apoyaría siempre, tendría que estudiar mucho para mirar con mis ojos el mundo.

Te he cumplido la promesa.

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