Cítrico cóncavo


Si pudiera cogerte entre mis manos,

desvanecería mis suplicios en locura

Si pudiese aprisionarte, te envolvería con sedas

de la India.


Si pudiera apropiarme de tu aliento, 

del aire que sé que usan tus pulmones,

caería la propiedad privada.


¿Quién eres cítrico cóncavo?

Eres lo ajeno, lo lejano, lo melancólico.

Eres el sentimiento terrible de no poder apropiarme de ti,

sin ser asesina.


Aquella noche en que te dí la mano,

supe que lo nuestro sería distinto,

porque no eras pertenencia probable.

No vuelas, como los pájaros,

esa no es tu libertad cliché.

Caminas, caminas humano,

conocer el ritmo del suelo,

del tiempo milimétrico.


Y me perturbas,

me perturbas por ese espacio infranqueable 

que habrá entre nosotros.


¡Vamos! 

que no existe eternidad sincera,

que el tiempo existe más allá de nosotros,

que la vida se entrecruza cuando puede unir sus cabos.

No somos más que fraternos caminantes,

que se aman con locura desmedida,

Naturaleza presente.

Romántica existencia mundana.



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