VIVA!

 
 Y entonces me encontré el sol esa tarde, cuando ya estaba destruida, cuando mi genética derrotada no había podido derribar la amargura. Lo encontré luego de haber tomado toda clase de pósimas y alquimias, de haber probado todas las yerbas de los jardines flotantes. Caminando un poco luego de los edificios, lo había pillado jugando en el cielo. Y dejé caer mi cuerpo exhausto sobre el pasto roído, duro, deshidratado, reposé mi cabello entre la hiedra rendida. Me tiré como quien dona su cuerpo y de pronto la grandeza amarilla, me recubrió de luz, calor y colores bestiales. Y me puse a transpirar, traté de abrir los ojos y no pude porque la luz me quemaba, sentía entre la piel los rayos como bichitos hormigueantes  que buscan un camino, y entonces, me convencí que estaba ahí botada, cansada, harapienta, deshecha. Pero estaba, irreparablemente viva.

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